“Sólo veo el pasado”. Hoy choco fuerte con la confusión de tiempos que me plantea. Si el presente se caracteriza por ser lo que veo en él ¿cómo voy a estar viendo el pasado? ¿Qué es entonces el presente? Sale al paso de mi estupor diciéndome: Esta idea resulta muy difícil de creer al principio. Sin embargo, es la razón fundamental de todas las anteriores.

                 Es la razón por la que nada de lo que ves significa nada y le has dado a todo lo que ves todo el significado que tiene para ti. Es la razón por la que no entiendes nada de lo que ves y por la que tus pensamientos no significan nada y son como las cosas que ves. Es la razón por la que nunca estás disgustado por la razón que crees y estás disgustado porque ves algo que no está ahí”.

Aunque se me ha dicho, y vengo aplicándolo, que no lo debo entender ni estar de acuerdo con lo que repito, me explica esta vez que mis reacciones están basadas en experiencias adquiridas en el pasado y me da un ejemplo: “¿De qué otra manera sino sabrías que una taza se rompe si la dejas caer? ¿Qué sabes acerca de ella sino lo que apren­diste en el pasado? No tendrías idea de lo que es si no fuera por ese aprendizaje previo. ¿Estás, entonces, viéndola realmente?”. Y me abre sin duda una perspectiva diferente y nueva, animándome a continuar las pautas de este juego que cada día me tomo más en serio:

    Sólo veo el pasado en este lápiz. Sólo veo el pasado en este zapato. Sólo veo el pasado en esta mano. Sólo veo el pasado en ese cuerpo. Sólo veo el pasado en esa cara.

            Entonces, el pasado no existe como pasado, existe como presente. Y así, repaso medio confundido los objetos que me rodean, viendo lo poco que variaron algunos y que tal vez, la variación que otros experimentan también la aprendí en el pasado.

Joseluis