“Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí”. Compruebo como los ejercicios se van concatenando y debilitando las bases de la certeza de mi único discurso; ser la victima de unas agresiones externas. Desde el primer día experimenté alivio haciéndolo. A veces, tengo que recordarme las premisas primeras: no es necesario estar de acuerdo con lo digo, gustarme o creer en ello. De ese modo me tranquilizo, paso la tutela del plan al Maestro y puedo recuperar mi paz.
Me sigue recordando: “Es necesario, una vez más, que para cualquier aplicación de la idea de hoy nombres muy concretamente la forma de disgusto de que se trate (ira, miedo, preocupación, depresión, etc.), así como lo que percibes como su causa. Por ejemplo:
Estoy enfadado con ______ porque veo algo que no está ahí.
Estoy preocupado acerca de _____ porque veo algo que no está ahí”.
Me anima a que emplee esta fórmula cuando a lo largo del día algo parezca disgustarme, que la ponga en uso frente a las agresiones que sienta, si bien, me vuelve a decir que no pase por alto las tres o cuatro veces a lo largo de ese tiempo de recogimiento y búsqueda guiada. Y si me noto una tendencia a incidir en algunos casos concretos, me recuerde que:
No hay disgustos pequeños. Todos perturban mi paz mental por igual.
Y acabe reconociendo que: “No puedo conservar esta forma de disgusto y al mismo tiempo desprenderme de las demás. Para los efectos de estos ejercicios, pues, las consideraré a todas como si fuesen iguales”.
Estoy ciertamente ilusionado y con mi ánimo resuelto a ser el mejor estudiante este año.
Joseluis