“Estos pensamientos no significan nada. Son como las cosas que veo en esta habitación (en la calle, desde la ventana…).” Interesante la idea de hoy equiparando los objetos con mis pensamientos al ponerlos al mismo nivel; carentes de significado. Me pide que comience aplicando la idea a los pensamientos que descubra en mi mente desagradables, sin duda es más sencillo, para continuar pidiéndome que lo aplique también a los agradables. “Si te acostumbras a observar tus pensamientos, descubrirás que representan una mezcla tal, que, en cierto sentido, a ninguno de ellos puede calificársele de “bueno” o de “malo”. Por eso es por lo que no significan nada”. Bienvenida la coherencia.
Me dice que mis pensamientos reales están ocultos tras ellos. “Nuestra meta es entrenarte en los primeros pasos hacia el objetivo de poder separar lo que no tiene significado de lo que sí lo tiene. Representa el primer esfuerzo en el objetivo a largo plazo de aprender a ver que lo que carece de significado se encuentra fuera de ti, y lo significativo dentro”. Vale la pena seguir este entrenamiento. Es un tesoro lo que busco, mis pensamientos reales, mi propio conocimiento.
Me dice como hacerlo: Este pensamiento acerca de _______ no significa nada. Es como las cosas que veo en esta habitación…”. Y me pongo a observar mi mente por un momento, no más de un minuto. Es sencillo, está acostumbrada a divagar. Y van apareciendo; lo que me espera cuando acabe, lo que me preocupa, los juicios al propio estudio… un sinfin, nada, ninguno significa nada, como tampoco lo hace el sillón que ocupo, la ropa que visto o los cuadros que cuelgan de la pared. Y me voy aliviando. Tres o cuatro veces al día nada más me pide, como una dieta médica, con método.
Joseluis