“Le he dado a todo lo que veo en esta habitación (en esta calle, desde esta ventana, en este lugar) el significado que tiene para mí”. Se trata de la continuación del trabajo de ayer; reconocer que yo mismo se he dado a las cosas el significado que tienen para mí. Increíble, por supuesto. Para continuar tengo que recordar lo que leí ayer, no es necesario creer en la afirmación para que dé su fruto, sólo tengo que repetírmela por algo más de un minuto en la mañana y en la noche.
Me gusta el sabor transgresor que deja en mi boca este ejercicio. Me estoy repitiendo cosas contrarias a lo que he aprendido y dado por cierto, pero según me escucho reproducir semejantes disparates, aun sin creérmelos, disfruto de una levísima sensación de fuerza, de soberanía sobre esas mismas cosas que un segundo antes tenían autonomía propia. Una pequeña luz apenas, un sutil destello que por momentos aparece y desaparece ¿Cómo es posible que eso estuviera ahí sin yo saberlo?
“Trata de aplicar la idea con la misma facilidad a un cuerpo que a un botón, a una mosca que a un piso, a un brazo que a una manzana. El único criterio a seguir para aplicar la idea a algo es simplemente que tus ojos se hayan posado sobre ello. No trates de incluir nada en particular, pero asegúrate de no excluir nada deliberadamente”. Y me recuerdo que yo no soy el autor de este plan de estudios, que por tanto, no debo permitirme juicios sobre lo acertado o no de su pedagogía, pues me quedaría fuera de los beneficios que contiene, y ya no estoy para perder el tiempo.
joseluis