“Nada de lo que veo en esta habitación (en esta calle, desde esta ventana, en este lugar) significa nada”. Tengo hecho varias veces los ejercicios, pero siguen siendo espectaculares estos primeros repasos, porque desbaratan lo que mi mente considera seguro, las bases sobre las que está edificado todo mi sistema de pensamiento. “Nada de lo que veo significa nada”, repaso, y según voy diciéndomelo y mirando los objetos de mi entorno, siento de nuevo, como tantas veces, un descanso inusitado y extenso; el que me produce la liberación del esfuerzo ímprobo que me supone sostener el sentido que le doy a las cosas, para que éstas tengan sentido para mí. Y respiro aliviado al descubrir desde el primer momento una brecha importante en la estructura del pensamiento que sostiene mi mundo ¡Ay, cómo me gusta esto!

“Una mente sin entrenar no puede lograr nada”. El propósito de estos ejercicios es entrenarla según el planteamiento de la verdad. Y el modo de adquirir una percepción verdadera no es como en el mundo, -me dice- si se ha logrado esta percepción, en relación con una persona, situación o acontecimiento, se transfiere inevitablemente a todo, por el contrario, una sola cosa que se excluya afecta al resto. “La percepción verdadera no tiene límites”.

Recuerda solamente esto: no tienes que creer en las ideas, no tienes que aceptarlas y ni siquiera tienes que recibirlas con agrado. Puede que hasta te opongas vehementemente a algunas de ellas. Nada de eso importa, ni disminuye su eficacia. Pero no hagas excepciones al aplicar las ideas expuestas en el libro de ejer­cicios. Sean cuales sean tus reacciones hacia ellas, úsalas. No se requiere nada más”. Y yo, aplicado, hago mis deberes como se me indica, sin rechistar esta vez.

Joseluis